"Primero, fue necesario civilizar al hombre
en su relación con el hombre.
Ahora, es necesario civilizar al hombre en su
relación con la naturaleza y lo animales"
Víctor Hugo.
Había terminado de cursar en la facultad
y volvía caminando a la pensión. Cuando llegue encontré un cartel en la entrada
que decía: “A partir de mañana, los inquilinos deberán clasificar y separar sus
residuos en RECICLABLES y NO RECICLABLES, y ubicarlos en los cestos
correspondientes”. Mire hacia el costado y ahí estaban, nuevos y brillantes. En
lo primero que pensé fue en lo tedioso que sería ponerse a clasificar los residuos cada noche. En lo segundo que pensé es en
que sin lugar a dudas, no lo haría. En fin, el mundo no iba a terminarse simplemente porque yo no
quisiera clasificar la basura.
Subí a mi habitación y de forma casi
instintiva mire hacia el lugar donde tenía el tacho de basura. Me acerque a
inspeccionarlo para saber que tan difícil podría ser el trabajo de reciclaje y
automáticamente mi leve indicio de disposición a la tarea desapareció. El cesto
estaba colmado hasta el punto tal que
una sola cosa más no entraría. A simple vista podía reconocer varias cosas: una
lapicera vieja, hojas de papel echas un bollo, envoltorios de diferentes
golosinas, un vaso que había roto esa mañana, bolsas de plástico y hasta la
comida que había en la heladera desde hace ya mucho tiempo. Solo me daba asco
pensar en tocar eso para separarlo, y más asco aun pensar en la cantidad de
cosas que podía llegar a haber debajo de esa cantidad de basura que se veía en
la superficie. Esto solo me sirvió para que mi decisión de no realizar la tarea
se fijara aún con más fuerza en mi mente.
Cerré la bolsa de residuos procurando
que nada se saliera hacia afuera y bajé hasta la entrada para colocarla en el
cesto correspondiente. Al llegar, entre sorprendido y desconcertado, recordé
que el viejo y oxidado tacho donde todos los vecinos tirábamos la basura, ya no
estaba. En su lugar había dos grandes conteiner nuevos, uno verde y otro
negro, para los desperdicios reciclables
y no reciclables respectivamente. Yo no había hecho la separación, por lo cual
no sabía en donde debería colocar la bolsa de residuos hedionda y chorreante
que tenía en mis manos en ese momento. Decidí dejarla en la vereda junto a los
dos grandes tachos, y sin darle muchas vueltas al asunto volví a mi cuarto.
Me senté en el escritorio, prendí la
lámpara para poder ver más claramente, y la tele para tener un poco de ruido de
fondo. Hacía un calor sofocante por lo que prendí el ventilador de pie. Decidí
que antes de comenzar a resolver los ejercicios que nos pidió el profesor de
Análisis Matemático traería algo para comer, por lo que me dirigí hacia la
cocina, encendí la luz, revise la heladera, indeciso, y agarre unos sándwiches
de miga. Me acerque a la canilla y llene una jarra con agua. En ese momento
escuche que el ventilador había dejado de funcionar, por lo que deje todo lo
que estaba haciendo y fui a fijarme que había pasado. El ventilador estaba mal
enchufado. Lo conecte nuevamente al tomacorrientes y me fije la hora ¡22:45 hs!
Debía comenzar ya mismo con los ejercicios.
Tome un block de hojas de el cajón del
escritorio y comencé la resolución. No sé por qué razón los ejercicios no me
resultaban tan sencillos como esa mañana. La desesperación que me causaba el
error me hacia romper y tirar las hojas por lo que pronto tuve que sacar un
nuevo block del cajón. Más concentrado, aunque sin conseguir un logro continuo,
pude terminar los ejercicios a las 01:45 hs. Tres horas sin levantarme del
escritorio. Decidí que era hora de
acostarme a dormir. Fui hasta la cocina para tomar un vaso de agua, y apague la
luz, cerré la canilla del agua, tire los sándwiches que había olvidado y cerré
la heladera. Volví a la habitación, apague la lámpara, el ventilador y la TV, y
me acosté a descansar.
Me desperté al otro día a las 08:00 hs
como de costumbre. Me dispuse a preparar el desayuno pero me sorprendió que al
querer prender la luz de la cocina, esta no funciono. Pensando que se había
quemado la lamparita, hice caso omiso y levante las persianas para que la luz
del sol iluminara la habitación. Mi sorpresa fue aún mayor cuando al querer
llenar la cafetera con agua. Abrí la llave del agua pero nada salió de la
canilla. El mal humor ya se había
apoderado de mí por lo que decidí ir al trabajo sin desayunar.
Cuando estaba saliendo, escuche un ruido
que venía de la habitación. Fui a inspeccionar pero no vi nada extraño. Me
dirigí nuevamente hacia la puerta, pero me quede paralizado al ver a alguien
parado en el umbral. Era una muchacha de pelo negro y largo. Era de tez oscura
y tenía unos grandes ojos verdes con los que me miraba. Tenía en su cara
señales de haber sido violentada. Una gran tristeza la envolvía.
— ¿Y vos quién sos? -Pregunté.
—Me llamo Asili.
Es lo único que contesto. Estaba como
expectante, como esperando que le preguntara algo más.
Lo que me diría después no me lo
olvidaría nunca más:
—Vos sos el responsable de todo lo que
está pasando.
Yo no entendía nada. Estaba asustado,
quería que esa mujer desapareciera.
— ¿De qué tengo la culpa yo? Yo no hice
nada.
—Hiciste. Hiciste demasiado daño al ser
egoísta, al pensar solo en tu comodidad. Al ser descuidado e irresponsable.
Esto era cada vez más raro, y yo no
lograba entender del todo.
—Pero ¿de qué me hablás?
—Mejor te lo muestro.
Al terminar de decir eso, todo se volvió
negro.
Me sentí empujado, como si algo me
arrancara de mi cuerpo y me transportara a otro lugar. No había sonido o imagen
alguna que me permitiera reconocer que estaba pasando, adonde estaba yendo o
que estaba pasando. De repente apareció ante mí una imagen horrible que me dejo
helado. Había mucha gente, más de la que podría contar, tirada, arrastrándose,
sufriendo, agonizando. Buscaban algo, aunque no sabía que era, pero lo buscaban
como si su vida dependiera de ello.
— ¿Qué es esto? – Pregunté sorprendido.
— ¿Qué es toda esta gente? ¿Qué les pasa? ¡Hay que ayudarlos! Hay que hacer
algo.
Asili tardó en contestar. Me miraba
fijamente como esperando que yo entendiera solo lo que pasaba.
—Esta gente está muriendo de sed. El
planeta ya no tiene agua potable.
—Pero ¡¿por qué?! No lo entiendo, si
anoche…
—Anoche vos dejaste la llave del agua
abierta 3 hs seguidas, desechando litros y litros de agua. Agua que ahora
cualquiera de ellos podría tomar. El agua es sinónimo de vida, y vos la
malgastaste. Vos malgastaste la vida de todas estas personas.
Era desolador ver a todas esas personas
sedientas, muriendo de deshidratación, buscando desesperadamente un poco de
agua. Buscando un poco de vida.
—Hay más. —Me dijo.
Volví a elevarme, volví a ser arrancado.
Pero mi mente ya no pensaba en eso. Dijo que había más pero, ¿qué sería ese
más?
Vi una ciudad desde lo alto. Podía ver
todo desde donde estaba, y el panorama era muy poco alentador. La ciudad estaba
a oscuras y podía escuchar de forma clara los gritos desgarradores de sus habitantes.
Era un caos.
— ¿Y acá que pasa?
—El uso irresponsable de la energía
provoca con el tiempo que esta se gaste. Anoche estabas usando simultáneamente
distintos aparatos eléctricos. Muchos de ellos innecesarios para la actividad
que estabas haciendo. Ahora, el mundo no tiene energía, y sin energía no hay
luz. La noche se volvió el momento perfecto para los vándalos y ladrones,
asesinos y mafiosos. El uso indiscriminado de nuestras fuentes de energía
genero una gran oscuridad e imposibilidad de comodidades. El hombre deberá
volver al principio, en donde la energía eléctrica aun ni se soñaba.
Imaginarse la vida sin energía eléctrica
es difícil, pero yo no necesitaba imaginarlo, yo lo estaba viendo y era
catastrófico.
Cerré mis ojos, y cuando los abrí, el panorama
era otro. Había mucha gente, amontonada en un solo lugar, peleando de una forma
salvaje. Estaban siendo muy violentos entre ellos. Estaban literalmente
matándose. Asili no espero esta vez a que yo le preguntara:
—Esa gente que ves ahí, esa gente que se
está matando, está peleando por una única cosa. Comida. Comida que vos desechaste
tan imprudentemente. Esa comida es la que ahora falta, la que genera en las
personas este odio y esta ira. Esta es una gran competencia, donde el más apto
solo logra sobrevivir. En este mundo que vos creaste, a la gente no le importa
matar para poder comer, la sociedad dejo de serlo, y ahora cada cual va por su
lado ayudándose únicamente a ellos mismos.
Era triste ver esa imagen tan violenta y
cruda. Quería irme de allí, no quería ver más esa escena… pero pronto me habría
de arrepentir.
Asili me llevo a un lugar lleno de gente
que parecía muy tranquila. Estaban como dormidos y no se podía percibir ni el
más leve sonido. Parecían estar en paz, aunque sus rostros pálidos parecían
haber sufrido.
—Esta gente es el más doloroso de los
resultados. Anoche, no quisiste clasificar tu basura y tiraste todo en una misma bolsa que dejaste en la calle. La
acumulación de basura trae consigo cosas horribles como las enfermedades.
Enfermedades que pueden ser mortales para los hombres y los animales.
— ¿Esta gente está muerta?
— Si. Todos murieron por causa de
enfermedades contagiosas que los mataron poco a poco. La enfermedad no
distingue entre hombres o mujeres, ancianos o niños. Solo prolifera y mata,
dejando miles y miles de muertos a su paso.
Nada más se dijo después de eso. Solo
nos elevamos lenta y constantemente. Estábamos fuera de la tierra, y podíamos
contemplar toda su inmensidad. Era hermoso y espectacular ver como la tierra se
separaba del océano y como las nubes bailaban sobre lo que desde esa altura
parecía la superficie del planeta. Pero de un segundo a otro, ese momento tan
estupendo y maravilloso desapareció. El agua empezó a tapar la tierra y unas
grandes nubes negras comenzaron a encerrar la gran esfera azul.
–Este es el gran final. El fin de la
vida. La cantidad de árboles talados para fabricar el papel como el que
desperdiciaste anoche, genero una situación de gran peligro para los humanos,
en donde la replantación se volvió algo imposible de lograr. El calentamiento
global fue algo infrenable y las temperaturas y con ellas el clima empezó a
cambiar, hasta llegar a un punto tal de desequilibrio que terminó de aniquilar
al planeta. Este es el fin del mundo, y vos fuiste participe de él. Vos
contribuiste a su destrucción, teniendo la posibilidad de evitar que esto
pasara. Es hora de que hagas las cosas de forma correcta.
Empezó a sonar el despertador. Me
desperté asustado sin entender que había pasado. ¿Había sido solo un sueño? ¿O
en realidad esa mujer había venido a visitarme durante la noche? Me levante,
confundido y aturdido por lo que había pasado y convenciéndome que todo había sido
solo una pesadilla horrible fui directo a la cocina a hacerme el desayuno. El
terror se apoderó de mi cara cuando encontré sobre la mesada una nota que
decía: “No fue solo un sueño, tenés la posibilidad de cambiar las cosas”. Me
quede petrificado. ¡Todo lo que había visto esa noche podría hacerse realidad!
De forma inmediata, me puse unos guantes
de latex y baje hasta abajo para ver si el camión de la basura había pasado